El principio de fondo es sencillo: el acceso a los mercados debe funcionar en ambas direcciones
Ecuador ha construido buena parte de su desarrollo exportador sobre una premisa que hemos defendido durante décadas: mercados abiertos, reglas claras y competencia en igualdad de condiciones. Esa convicción supone precisamente trabajar para eliminar barreras injustificadas que impiden que nuestros productos accedan y compitan en otros mercados.
El caso del camarón ecuatoriano en Brasil pone a prueba ese principio.
Brasil es un socio importante para Ecuador y sus productos acceden ampliamente a nuestro mercado. El camarón ecuatoriano, por el contrario, continúa sin contar con un acceso comercial efectivo, pese a la capacidad de nuestra industria para abastecer los mercados más exigentes del mundo y cumplir estrictos estándares sanitarios y de calidad.
No hemos llegado a esta situación por falta de diálogo. Durante años, Ecuador ha insistido en encontrar una solución que permita el ingreso de nuestro camarón al mercado brasileño. A lo largo de ese proceso hemos enfrentado argumentos técnicos y jurídicos que no han logrado sostenerse, así como sucesivas postergaciones que han impedido alcanzar una solución definitiva. El resultado, independientemente del argumento utilizado en cada momento, ha sido siempre el mismo: el mercado continúa cerrado en la práctica.
Ante esa realidad, Ecuador no puede limitarse a esperar indefinidamente.
Por esa razón, desde la Cámara Nacional de Acuacultura hemos solicitado al Gobierno Nacional iniciar de manera urgente el expediente técnico y jurídico que permita evaluar medidas de reequilibrio comercial frente a Brasil. No como una reacción improvisada, sino como una respuesta legítima frente a una relación comercial que necesita recuperar reciprocidad.
No se trata de escoger arbitrariamente productos brasileños ni de trasladar una controversia comercial hacia sectores que no son responsables de ella. Se trata de cuantificar el desequilibrio, identificar los instrumentos jurídicamente disponibles y determinar qué medidas pueden generar incentivos suficientes para alcanzar una solución.
En ese análisis hemos señalado que podrían evaluarse productos de relevancia dentro de las exportaciones brasileñas hacia Ecuador, incluidos los vehículos. No porque exista una controversia con ese sector, sino porque una medida de reequilibrio, para cumplir su propósito, debe tener relevancia comercial.
El principio de fondo es sencillo: el acceso a los mercados debe funcionar en ambas direcciones.
Ecuador necesita del comercio exterior y precisamente por eso debe defenderlo. Nuestra economía se beneficia de mercados abiertos, pero esa apertura requiere reciprocidad. No es sostenible mantener nuestras puertas abiertas de manera permanente mientras nuestros exportadores encuentran barreras que, después de años de gestiones, continúan impidiendo el comercio.
El camarón ecuatoriano no está solicitando privilegios. Compite exitosamente en Estados Unidos, Europa, China y decenas de otros mercados. Lo que exige a Brasil es la posibilidad real de competir bajo reglas transparentes, técnicamente justificadas y previsibles.
El diálogo siempre será nuestra primera herramienta y una apertura efectiva del mercado brasileño haría innecesaria cualquier medida de reequilibrio. Pero después de años sin una solución, Ecuador también debe estar dispuesto a defender sus intereses.
Porque defender el libre comercio no consiste únicamente en mantener abiertos nuestros mercados. Significa exigir que nuestros socios estén dispuestos a hacer lo mismo.
Y cuando esa reciprocidad no existe, Ecuador tiene el derecho de actuar para restablecerla•


