Seguridad, logística y continuidad productiva

May 12, 2026

José Antonio Camposano

José Antonio Camposano

Autor

Presidente Ejecutivo Cámara Nacional de Acuacultura

La discusión no es seguridad versus producción. Es cómo lograr que ambas funcionen de manera coordinada, especialmente en un contexto internacional adverso.

Respaldamos las acciones orientadas a enfrentar la delincuencia. La seguridad es una condición básica para el funcionamiento del país y para la vida cotidiana de los ciudadanos. Sin ella, no hay inversión, no hay empleo y no hay desarrollo posible.

No obstante, es indispensable que las medidas que se adopten incorporen criterios técnicos que permitan sostener la actividad productiva. El establecimiento de toques de queda, sin excepciones claras y operativas, introduce un nivel de incertidumbre que dificulta la planificación y agrava una situación que ya es compleja por factores externos.

Hoy, el sector camaronero enfrenta una disrupción logística de carácter crítico. Las cámaras de frío y las plantas empacadoras se encuentran al límite de su capacidad ante la limitada disponibilidad de contenedores refrigerados para exportación. Esta restricción ha obligado a varias empresas a suspender temporalmente la compra de camarón a productores, afectando de manera directa a toda la cadena.

El origen de esta situación no es aislado. Responde, en buena medida, a las alteraciones en la logística global derivadas del conflicto entre Estados Unidos e Irán. Este escenario ha generado desvíos de rutas marítimas, priorización de corredores estratégicos, incremento en los tiempos de tránsito y una menor disponibilidad de equipos logísticos, especialmente contenedores refrigerados. A ello se suma el encarecimiento de los fletes internacionales y la congestión en puertos clave.

Sobre esta realidad ya tensionada, la imposición de restricciones operativas sin mecanismos de excepción adecuados amplifica el problema. La experiencia reciente lo confirma. El primer toque de queda redujo horas efectivas de operación, concentró la carga en ventanas más cortas y generó congestión en carreteras y puertos. En una actividad que trabaja con seres vivos y productos altamente perecibles, estas limitaciones tienen un impacto inmediato.

Las exportaciones no pueden detenerse. No solo por su peso en la economía nacional, sino porque detrás de cada operación hay empleo, encadenamientos productivos y compromisos comerciales que deben cumplirse. Interrumpir ese flujo no es una opción viable.

La discusión no es seguridad versus producción. Es cómo lograr que ambas funcionen de manera coordinada, especialmente en un contexto internacional adverso. Esto requiere definir excepciones claras y operativas para el transporte, la cosecha y el procesamiento, así como fortalecer la articulación entre autoridades y sector productivo para garantizar continuidad.

El país enfrenta desafíos simultáneos, internos y externos. La respuesta no puede ser fragmentada. Es momento de trabajar de manera conjunta, sector público y privado, en soluciones que permitan sostener la operación logística, facilitar el acceso a equipos y preservar la competitividad de una de las principales actividades exportadoras del Ecuador.

Seguridad y producción deben avanzar juntas, con criterio técnico y con una visión clara de lo que está en juego•

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