Autor: Leonardo S. Maridueña A.
Dirección de Ambiente de la Cámara Nacional de Acuacultura
lmariduena@cna-ecuador.com
Fecha de corte de información: 11 de junio de 2026
El fenómeno de El Niño no debe evaluarse únicamente como una anomalía de temperatura superficial del mar en el Pacífico central. Para Ecuador, el riesgo se define por la combinación entre un evento ENSO de escala cuenca, el calentamiento del Pacífico oriental (región El Niño 1+2 – Fig. 1), el arribo de ondas Kelvin, la profundidad de la termoclina, el nivel del mar, la respuesta atmosférica regional y la temporada en la que esos procesos alcanzan su máxima intensidad. Por ello, un fenómeno muy fuerte en El Niño 3.4 puede no traducirse automáticamente en lluvias extremas en el país si el calentamiento costero y la convección regional no se acoplan adecuadamente.
La pregunta central de este artículo no es solo si se formará El Niño, sino si existen señales suficientes para anticipar un evento de magnitud extrema frente a Ecuador. La respuesta requiere separar tres planos: probabilidad de ocurrencia, probabilidad de intensidad muy fuerte en el Pacífico central y probabilidad de impactos extremos en la Costa ecuatoriana.
Las regiones El Niño empleadas por NOAA para el seguimiento del ENOS: La región Niño 1+2 corresponde al Pacífico oriental adyacente a Ecuador y Perú; la región Niño 3 abarca el Pacífico oriental ecuatorial; la región Niño 3.4 constituye la zona de referencia para la clasificación operativa de eventos El Niño y La Niña; mientras que la región Niño 4 representa el Pacífico occidental ecuatorial. Fuente: NOAA.
Para Ecuador, la región más relevante es Niño 1+2, ya que refleja directamente las condiciones térmicas frente a sus costas y las de Perú. Sin embargo, los eventos El Niño de gran magnitud suelen estar asociados a un acoplamiento océano-atmósfera de escala de cuenca, monitoreado principalmente mediante las anomalías de temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 y por indicadores atmosféricos como el Índice de Oscilación del Sur (SOI) y los vientos ecuatoriales.

Figura 1. Regiones oceánicas utilizadas por NOAA para el monitoreo del fenómeno El Niño–Oscilación del Sur (ENOS). NOAA Climate Prediction Center (CPC)
Lo que indican las fuentes principales
NOAA/CPC reporta que las condiciones El Niño están presentes y se espera que se fortalezcan hacia el invierno boreal 2026-2027. La discusión relaciona la alta confianza con contenido de calor oceánico inusualmente alto y expansión de anomalías de viento del oeste en el Pacífico ecuatorial. Además, NOAA/CPC señala una probabilidad de 63% de un El Niño muy fuerte durante noviembre-enero, potencialmente entre los eventos mayores del registro desde 1950.
El pronóstico oficial de NOAA/CPC emitido en junio de 2026 asigna entre 97% y 100% de probabilidad de El Niño entre mayo-julio de 2026 y noviembre-enero de 2026-2027 (Fig. 2).
El IRI, con base en su pluma multimodelo publicada el 19 de mayo de 2026, también muestra una señal muy alta de El Niño, con probabilidades del orden de 97-98% durante el período de pronóstico. No obstante, el propio IRI advierte que las predicciones emitidas cerca de la barrera de predictibilidad de primavera boreal deben interpretarse con cautela, porque el desempeño de los modelos puede reducirse y las incertidumbres de condiciones iniciales y físicas de modelos aumentan con el plazo.
La WMO coincide en la transición hacia El Niño: su actualización de mayo de 2026 reporta anomalías cálidas crecientes en el Pacífico ecuatorial centro-oriental y probabilidades de 80% para junio-agosto, elevándose cerca o por encima de 90% en trimestres posteriores.
En el Pacífico oriental, ENFEN Perú mantiene el estado de Alerta de El Niño Costero y prevé que fenómeno se prolongue, por lo pronto, hasta febrero de 2027, con mayor probabilidad de magnitud moderada. Al mismo tiempo, ENFEN prevé el desarrollo de El Niño en Niño 3.4 desde junio de 2026 hasta febrero de 2027, con mayor probabilidad de magnitud débil y posibilidad de intensidad moderada hacia fines de año. Esta lectura regional es más conservadora que el diagnóstico de intensidad central de NOAA/CPC.
Para Ecuador, el Boletín de El Niño y Variabilidad Climática de ESPOL del 1 de junio de 2026 resume una situación crítica para vigilancia: se espera inicio de condiciones El Niño en el trimestre centrado en junio con 82% de probabilidad, persistencia del sobrecalentamiento hasta diciembre-febrero con 96%, anomalías cálidas en Niño 3 y Niño 1+2, y una probabilidad de 33% de condiciones muy fuertes o extraordinarias en octubre-diciembre. El mismo boletín destaca que, hasta inicios de junio, las lluvias en Ecuador no muestran aún una señal clara de alteración extrema, lo que abre una ventana operativa para preparación.
¿Qué condiciones se están cumpliendo?
La evidencia disponible muestra un océano que ya ha avanzado hacia el estado cálido. Se observan anomalías positivas en Niño 3.4 y Niño 1+2, aumento del contenido de calor, ondas Kelvin de hundimiento, profundización de la termoclina y aumento del nivel del mar en las Galápagos y frente a Ecuador. Estos elementos son consistentes con la fase de desarrollo de un evento El Niño. También hay señales atmosféricas favorables, como SOI negativo y ventanas de debilitamiento de alisios, aunque el acoplamiento pleno entre océano y atmósfera en el Pacífico oriental todavía no es inequívoco (Fig.3).
Implicaciones para la Costa ecuatoriana
El escenario más responsable es considerar una ventana de vigilancia creciente desde el segundo semestre de 2026, con mayor atención entre diciembre de 2026 y abril de 2027. La Costa, Galápagos, zonas estuarinas y ciudades de baja pendiente deben prepararse para una combinación de riesgos: aumento temporal del nivel del mar, aguajes, oleajes energéticos, erosión, inundación localizada por drenaje insuficiente y, si se consolida el acoplamiento, precipitaciones intensas durante la estación lluviosa y zonas más vulnerables a inundaciones, según el presente pronóstico (Fig. 5).
Zonas costeras más vulnerables a inundaciones en 2026
Provincias y Poblaciones más expuestas
- Manabí Chone, Portoviejo, Santa Ana, Paján
- Guayas Guayaquil, Durán, Salitre, Daule
- Los Ríos Babahoyo, Quevedo, Vinces
- Esmeraldas Esmeraldas, Quinindé, Muisne
- El Oro Machala, Santa Rosa
Análisis sectorial: la producción camaronera
Para la acuicultura, un calentamiento persistente puede modificar tasas metabólicas, demanda de oxígeno, proliferación de patógenos, dinámica de fitoplancton y salinidad en estuarios. En camaroneras, el riesgo operativo aumenta cuando se combinan temperaturas elevadas, lluvias intensas, variaciones bruscas de salinidad, descargas continentales y deterioro de calidad de agua. La preparación debe incluir protocolos de monitoreo de oxígeno disuelto, temperatura, salinidad, pH, alcalinidad, fitoplancton, bacteriología y capacidad de bombeo.
Impactos económicos y financieros del fenómeno El Niño en la acuicultura
El fenómeno de El Niño constituye uno de los eventos climáticos de mayor influencia sobre las actividades acuícolas a nivel mundial. Sus efectos no solamente se manifiestan a través de alteraciones ambientales y biológicas, sino también mediante importantes repercusiones económicas y financieras que afectan la rentabilidad, competitividad y sostenibilidad de las empresas acuícolas. La magnitud de estos impactos depende de la intensidad y duración del evento, así como de la capacidad de adaptación y resiliencia de los productores.
Incremento de los costos de producción
Uno de los efectos más inmediatos de El Niño es el aumento de los costos operativos. Las elevadas temperaturas, las variaciones en salinidad y oxígeno disuelto, así como las mayores cargas orgánicas y microbiológicas, obligan a los productores a incrementar las medidas de manejo y control. Entre los rubros más afectados se encuentran la alimentación, energía, bioseguridad, mantenimiento e infraestructura.
Reducción de la productividad
Las condiciones ambientales asociadas a El Niño pueden afectar el crecimiento, supervivencia y conversión alimenticia de las especies cultivadas. Esto puede traducirse en menores rendimientos, reducción de biomasa cosechada y disminución de los ingresos empresariales.
Daños a la infraestructura
Las lluvias intensas, inundaciones y desbordamientos pueden ocasionar daños a muros, diques, estaciones de bombeo, laboratorios, caminos internos y sistemas eléctricos. La reparación de estas estructuras demanda inversiones significativas.
Pérdidas por interrupciones operativas
Las afectaciones a la infraestructura vial y logística pueden generar retrasos en el abastecimiento de insumos y en la comercialización de los productos acuícolas, afectando el desempeño económico de las empresas.
Efectos sobre las exportaciones
La disminución de la producción y los problemas logísticos pueden reducir la oferta exportable, afectar contratos comerciales y disminuir el ingreso de divisas para el sector y para la economía nacional.
Impacto sobre el flujo de caja y liquidez
El incremento simultáneo de costos y la reducción de ingresos generan presión sobre el flujo de caja, el capital de trabajo y la capacidad de cumplir obligaciones financieras.
Incremento del riesgo financiero
Los eventos El Niño incrementan la incertidumbre productiva y financiera, elevando los riesgos asociados al acceso al crédito e inversiones.
Efectos del fenómeno de El Niño sobre la provisión de insumos importados para la actividad acuícola
El fenómeno de El Niño constituye uno de los principales factores climáticos que afectan directa e indirectamente la cadena de suministro de insumos utilizados en la acuicultura. Aunque sus efectos son generalmente analizados desde la perspectiva biológica, productiva y ambiental, también genera importantes impactos sobre la disponibilidad, costos y logística de los insumos importados necesarios para el desarrollo de la actividad acuícola.
La acuicultura moderna depende en gran medida de insumos provenientes del mercado internacional, entre ellos alimentos balanceados, ingredientes para la fabricación de balanceados, aditivos nutricionales, probióticos, productos químicos, equipos de aireación, sistemas de bombeo, repuestos, materiales para laboratorios, medicamentos veterinarios, empaques y tecnología especializada. Durante eventos intensos de El Niño, las alteraciones climáticas y económicas pueden afectar significativamente el flujo normal de estos productos.
Uno de los principales impactos se relaciona con las interrupciones logísticas. Las fuertes lluvias, inundaciones y deslizamientos de tierra pueden afectar carreteras, puertos y sistemas de transporte interno, dificultando la movilización de mercancías desde los puertos hacia las zonas productivas. Asimismo, eventos climáticos extremos en países proveedores pueden ocasionar retrasos en la producción y exportación de materias primas e insumos.
El incremento de los costos de transporte constituye otro efecto relevante. Las alteraciones en las rutas marítimas, la congestión portuaria y el aumento de los riesgos operativos suelen traducirse en mayores costos de flete y seguros. Estos incrementos son finalmente transferidos al productor acuícola mediante precios más elevados de los insumos importados.
La volatilidad de los mercados internacionales también puede intensificarse durante eventos El Niño. Diversos ingredientes utilizados en la elaboración de alimentos balanceados, como harina de pescado, aceites, cereales y proteínas vegetales pueden experimentar fluctuaciones de precio debido a cambios en la oferta mundial. Estas variaciones afectan los costos de producción y reducen los márgenes de rentabilidad de las empresas acuícolas.
Desde el punto de vista operativo, los retrasos en la llegada de insumos críticos pueden comprometer los programas de alimentación, bioseguridad y mantenimiento de infraestructura. La falta oportuna de alimentos balanceados, productos sanitarios o equipos de respaldo puede incrementar los riesgos productivos y afectar el desempeño de los cultivos.
Las empresas más dependientes de proveedores externos suelen presentar una mayor vulnerabilidad frente a estos eventos. Por esta razón, resulta fundamental implementar estrategias de gestión de riesgos que incluyan la diversificación de proveedores, el mantenimiento de inventarios de seguridad, la planificación anticipada de compras y el fortalecimiento de cadenas logísticas resilientes.
En el caso específico del sector camaronero ecuatoriano, la experiencia histórica demuestra que los eventos El Niño han generado presiones adicionales sobre los costos operativos, particularmente en alimentación, energía, infraestructura y logística. No obstante, una adecuada planificación empresarial y la coordinación entre productores, proveedores y autoridades pueden reducir significativamente los efectos negativos sobre la disponibilidad de insumos.
Conclusiones
La información científica disponible hasta junio de 2026 indica una probabilidad muy alta de consolidación de condiciones El Niño durante el período 2026–2027. Los principales centros internacionales de monitoreo climático coinciden en señalar una evolución consistente hacia una fase cálida del ENSO, respaldada por el incremento del contenido de calor oceánico, la presencia de ondas Kelvin de hundimiento, la profundización de la termoclina y anomalías positivas persistentes en diversas regiones del Pacífico ecuatorial.
No obstante, la evidencia actualmente disponible aún no permite afirmar con certeza que Ecuador enfrentará un evento de magnitud extrema comparable a los episodios de 1982–1983 o 1997–1998. La intensidad final de los impactos dependerá principalmente de la evolución del calentamiento en la región Niño 1+2, del grado de acoplamiento océano-atmósfera en el Pacífico oriental y de la persistencia de estas condiciones durante la estación lluviosa de 2027.
Desde la perspectiva de la camaronicultura ecuatoriana, los riesgos asociados a El Niño trascienden los efectos directos de las lluvias e inundaciones. Las alteraciones en temperatura, salinidad, oxígeno disuelto, dinámica fitoplanctónica y calidad del agua pueden afectar el desempeño productivo de los cultivos, incrementar el estrés fisiológico de los organismos y aumentar la vulnerabilidad frente a agentes patógenos y enfermedades oportunistas.
Asimismo, deben considerarse los impactos económicos derivados del incremento de costos operativos, posibles daños a infraestructura, interrupciones logísticas, retrasos en la provisión de insumos y presiones sobre el flujo de caja empresarial. La experiencia histórica demuestra que una parte importante de las pérdidas asociadas a eventos El Niño se origina en factores indirectos relacionados con infraestructura, logística, bioseguridad y gestión operativa.
El contexto actual de cambio climático añade un nivel adicional de complejidad. El aumento sostenido de las temperaturas oceánicas, el ascenso gradual del nivel del mar y una atmósfera con mayor contenido de humedad pueden amplificar algunos impactos hidrometeorológicos y productivos respecto a eventos históricos de magnitud similar. Esta realidad obliga a interpretar los pronósticos bajo un enfoque probabilístico y a mantener una vigilancia continua de la evolución del sistema océano-atmósfera.
En consecuencia, la estrategia más prudente para el sector camaronero consiste en fortalecer desde ahora los sistemas de monitoreo ambiental, bioseguridad, mantenimiento preventivo de infraestructura, gestión de riesgos, planificación logística y administración financiera. La preparación temprana continúa siendo la herramienta más efectiva para reducir vulnerabilidades y aumentar la resiliencia frente a un escenario climático que, aunque aún incierto en su magnitud final, presenta señales suficientemente robustas para justificar acciones preventivas inmediatas•

