El monitoreo ambiental, el manejo preventivo de la producción, la bioseguridad y el fortalecimiento de la infraestructura son algunas de las principales medidas que pueden contribuir a reducir los riesgos productivos, sanitarios y operativos asociados a un evento de El Niño de gran intensidad.
La posible formación de un fenómeno de El Niño de alta intensidad representa un desafío importante para la acuacultura ecuatoriana. El incremento de la temperatura del agua, las lluvias intensas y la inestabilidad ambiental pueden generar condiciones que eleven los riesgos sanitarios, operativos e hidráulicos en las fincas camaroneras.
Aunque el sector cuenta actualmente con mayores niveles de tecnificación, la intensificación de la producción también puede incrementar su vulnerabilidad si no se adoptan oportunamente medidas preventivas. Entre los principales riesgos se encuentran la hipoxia nocturna, proliferación bacteriana, blooms algales, mortalidades, inundaciones, erosión y fallas eléctricas u operativas.
Monitoreo ambiental: anticiparse a los cambios
Una de las primeras líneas de defensa es fortalecer el monitoreo diario de las condiciones del agua. Temperatura, oxígeno disuelto, salinidad, pH y turbidez son parámetros que deben observarse de manera permanente.
El uso de sensores automáticos, sistemas de alerta temprana y herramientas que permitan seguir las variaciones en tiempo real puede facilitar la identificación de cambios críticos y favorecer una respuesta más rápida en las unidades de producción.
Oxigenación, biomasa y alimentación bajo control
Las altas temperaturas reducen la disponibilidad de oxígeno en el agua y pueden incrementar el estrés de las especies cultivadas. Frente a este escenario, resulta fundamental realizar mantenimiento preventivo de los aireadores, disponer de equipos de respaldo, revisar los sistemas eléctricos y el abastecimiento de combustible, así como reforzar la aireación en piscinas críticas.
El manejo de la biomasa también adquiere especial relevancia. Durante eventos extremos se recomienda adoptar una estrategia más conservadora, evitando la sobrepoblación, el exceso de biomasa y la acumulación de materia orgánica. La reducción de densidades, las cosechas parciales anticipadas y un mayor control del fondo de las piscinas son algunas de las alternativas planteadas.
A ello se suma un manejo eficiente de la alimentación. La sobrealimentación puede acelerar el deterioro del sedimento e incrementar los riesgos sanitarios. Por ello, es conveniente recalibrar las alimentadoras automáticas, ajustar las raciones al consumo real, monitorear conjuntamente oxígeno y temperatura y minimizar el desperdicio de alimento.
Bioseguridad: reforzar la vigilancia sanitaria
Las condiciones cálidas pueden favorecer la proliferación bacteriana y la aparición de problemas sanitarios, por lo que la vigilancia debe intensificarse.
Entre las medidas señaladas se encuentran fortalecer el monitoreo sanitario, vigilar bacterias oportunistas, controlar el ingreso de agua y mantener un adecuado manejo microbiológico. Asimismo, herramientas como el PCR preventivo, el uso de probióticos y el diagnóstico temprano forman parte de las acciones consideradas para reducir riesgos.
Preparar la infraestructura para lluvias intensas
El impacto de El Niño no se limita a las piscinas de producción. Las precipitaciones intensas pueden comprometer muros, canales, bombas, sistemas eléctricos, caminos internos, techados y cubiertas.
Por ello, las medidas preventivas deben incluir el refuerzo de diques y compuertas, limpieza de drenajes, revisión de generadores y protección de tableros eléctricos. También es necesario asegurar respaldo eléctrico, protección contra descargas, redundancia de sistemas y mantenimiento preventivo de sensores y alimentadoras para garantizar la continuidad de las operaciones.
Manglares y resiliencia ambiental
La preparación frente a eventos extremos también involucra el entorno natural. Históricamente, los daños asociados a El Niño han incluido ruptura de muros, inundaciones, erosión, colapso hidráulico y pérdida de infraestructura.
Además de reforzar muros y taludes, elevar coronas en zonas bajas, mantener sistemas de drenaje y bombeo y proteger los accesos internos, la conservación ambiental cumple un papel estratégico. Los manglares funcionan como barreras naturales frente a inundaciones, oleaje y erosión costera, mientras que la restauración de vegetación ribereña y la implementación de franjas de amortiguamiento pueden contribuir a fortalecer la resiliencia de las zonas productivas.
La prevención como estrategia
Ante un posible fenómeno de El Niño extraordinario, la preparación anticipada será determinante para reducir los riesgos productivos, sanitarios y económicos del sector acuícola ecuatoriano.
La estrategia requiere integrar monitoreo en tiempo real, manejo conservador, bioseguridad, infraestructura resiliente y coordinación sectorial. Más que reaccionar cuando las condiciones ambientales ya son críticas, el desafío está en anticiparse, fortalecer la capacidad de respuesta y proteger tanto la producción como la infraestructura y el entorno que sustentan a la actividad acuícola.
Fuente: Boletín de Ambiente de la Cámara Nacional de Acuacultura.
Contenido técnico: Leonardo Maridueña, Blgo. PhD., Director Técnico de la Cámara Nacional de Acuacultura.

