El desempeño del camarón ecuatoriano no es el resultado de la inercia de un país. Es, más bien, el recordatorio de cuánto podría avanzar el Ecuador si el sector público se sumara de manera decidida a resolver los nudos de competitividad que arrastramos desde hace muchos años.
Este año volvió a demostrarnos el potencial que tiene nuestra actividad productiva. Las cifras de exportación han sido motivo de reconocimiento público, y es entendible: cualquier país celebraría que sus industrias sostengan empleo, inversión y presencia internacional en momentos tan complejos. También lo reconocemos nosotros con la satisfacción del trabajo realizado, pero junto con ese reconocimiento es necesario subrayar un elemento que con frecuencia pasa inadvertido: estos resultados provienen del esfuerzo privado, de decisiones que asumen riesgos, que innovan y que corrigen sus propios desajustes sin esperar condiciones ideales.
La Cámara Nacional de Acuacultura lo señaló en un comunicado reciente y lo reiteramos aquí: el desempeño del camarón ecuatoriano no es el resultado de la inercia de un país. Es, más bien, el recordatorio de cuánto podría avanzar el Ecuador si el sector público se sumara de manera decidida a resolver los nudos de competitividad que arrastramos desde hace muchos años. Como gremio lo hemos expresado con todas las administraciones, sin distinción política: esta es una agenda que sigue pendiente y que condiciona el desarrollo de todas las actividades productivas.
El país no ha hecho el trabajo serio de construir competitividad. No hemos desmontado la tramitología que consume tiempo y recursos. No hemos instalado un sistema regulatorio predecible. No hemos dado el salto necesario hacia infraestructura eficiente que abarate operar, producir y transportar. No hemos abordado de forma frontal el debate laboral que, tarde o temprano, deberá resolverse con responsabilidad y visión de futuro. Mientras eso no ocurra, las brechas se ampliarán y las oportunidades para generar productos de mayor valor agregado, manufactura avanzada y tecnología seguirán limitadas.
Lo que está en discusión no es únicamente el futuro del camarón. Es la capacidad del Ecuador para dejar atrás un modelo que depende casi exclusivamente de materias primas y dar paso a un entorno capaz de sostener industrias con mayor sofisticación. Nuestro sector ha demostrado que se puede crecer, diversificar mercados y mantener estándares internacionales que son referencia global, pero incluso esos avances encuentran un techo cuando el país no acompaña con decisiones que faciliten producir mejor y competir de forma más inteligente.
Por eso insistimos. No para incomodar, sino para empujar a un país que no puede seguir dilatando conversaciones indispensables. Los resultados del sector camaronero de este año no son un punto de llegada; son un recordatorio de que la productividad se construye de manera conjunta y de que el Ecuador tiene muchas más posibilidades por explorar cuando, de manera decidida, asuma este proceso y lo convierta en la base de su crecimiento económico futuro y en una verdadera plataforma para generar empleo de calidad•



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