La medición de la huella de carbono: clave para que el camarón destaque como producto de bajo impacto ambiental

Dic 3, 2025

La reducción de la huella de carbono de un producto ya no es un valor agregado, sino una condición indispensable que asegura la producción, la calidad de los alimentos y la conservación de los ecosistemas. Este cambio responde tanto a mercados más exigentes y a un consumidor cada vez más informado, que demanda productos con el menor impacto ambiental posible, como a los compromisos internacionales asumidos en el marco de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible frente al cambio climático.

Este paradigma ha impuesto grandes retos de transformación en todas las industrias, y la alimentaria no es la excepción. El sector se ha visto impulsado a responder con resiliencia mediante la adopción de nuevas normativas y políticas internas, la modernización de sus procesos productivos y la transición hacia matrices energéticas más limpias.

En el caso del camarón, presenta una ventaja considerable frente a otras proteínas de origen animal. Varios estudios comparativos señalan que “la producción acuática, tanto de acuicultura como de pesca, emite menos gases de efecto invernadero que la producción de carnes rojas” (Zhang et al., 2024). Los datos del Marine Stewardship Council (MSC) confirman que “la carne de res genera hasta 238 g CO₂e por gramo de proteína, la pesca silvestre emite 39,5 g CO₂e y la acuicultura apenas 24 g CO₂e por gramo de proteína (MSC, 2024)”.

Este desempeño ambiental favorable se enmarca en lo que hoy se conoce como productos azules (Blue Foods), promovidos por la iniciativa Blue Food Assessment. Ellos destacan por su eficiencia en el uso de recursos acuáticos, su bajo impacto ambiental y su alto valor nutricional. Cuando su producción se orienta hacia un modelo de sostenibilidad integral, pasan a formar parte de la llamada “economía azul”, concepto popularizado por Gunter Pauli (2010) y posteriormente adoptado por las Naciones Unidas (2012), que promueve el uso sostenible de los recursos acuáticos para el crecimiento económico y la preservación de los ecosistemas.

Sin embargo, para que este modelo se materialice, resulta indispensable contar con métricas objetivas y comparables que midan su desempeño ambiental. Por ello, el cálculo de la huella de carbono se ha convertido en una herramienta clave para evaluar, reducir y comunicar los impactos del cultivo del camarón, alineándolo con los compromisos globales de sostenibilidad.

Compartir:

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos recientes