La salud de un sector económico no se mide únicamente por cuánto vende, sino por la capacidad de sostener márgenes de rentabilidad en el tiempo.
El crecimiento de las exportaciones de camarón ecuatoriano es un dato que suele presentarse como prueba de un supuesto buen momento de nuestra industria. Sin embargo, limitar el análisis a los volúmenes exportados puede dar una imagen incompleta de la realidad, pues la salud de un sector económico no se mide únicamente por cuánto vende, sino por la capacidad de sostener márgenes de rentabilidad en el tiempo.
Quienes estamos inmersos en la actividad sabemos que, a pesar de los esfuerzos del sector productivo por invertir en tecnología y mejorar la productividad, las utilidades por libra producida no aumentan al mismo ritmo, sino por el contrario, en muchos casos, se reducen. La explicación a esta situación no está en la falta de eficiencia, sino en dos dinámicas que afectan directamente a la competitividad de las actividades económicas: los rendimientos decrecientes y las variables externas al control del sector privado.
Por un lado, los rendimientos decrecientes implican que, a medida que se intensifica la producción, cada nueva inversión genera beneficios marginales menores. Mantener altos niveles de productividad requiere más insumos, más mantenimiento y mayor esfuerzo operativo, lo que eleva los costos unitarios.
Al mismo tiempo, factores exógenos como el precio del combustible, las tarifas eléctricas, el costo de la mano de obra, la ineficiencia de ciertos servicios públicos, la inseguridad o el valor de insumos importados, ejercen presión sobre la estructura de costos. Todas estas son variables que el empresario no puede controlar y que, en ocasiones, neutralizan las mejoras logradas con inversión interna.
Por ello es indispensable que las autoridades recuerden que la competitividad de sectores como el camaronero no puede depender únicamente del esfuerzo empresarial. Se requiere una política pública clara, que considere el impacto de estas variables en la rentabilidad y que actúe para evitar que los costos externos terminen debilitando a la principal actividad exportadora no petrolera del país.
Medir el éxito del sector solo en toneladas exportadas es un error. El verdadero indicador está en la capacidad de mantener una industria competitiva, capaz de sostener el empleo, las divisas y el desarrollo que el Ecuador necesita. Ello exige una corresponsabilidad real entre el esfuerzo empresarial y las decisiones del Estado para gestionar los factores externos que afectan la competitividad. La inversión privada en tecnología y productividad debe complementarse con políticas públicas que contengan el impacto del incremento de costos como los anteriormente descritos, faciliten el acceso a insumos estratégicos y generen reglas claras para la producción y la exportación. Solo así podremos consolidar un sector camaronero que no dependa únicamente de producir más, sino de hacerlo con condiciones que aseguren su sostenibilidad y su aporte permanente al país•



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